27 de Septiembre de 2022

¿Qué hacemos con los Golpistas?

2022-09-23

Por: Gerardo Torres Zelaya

Un 15 de Septiembre, hace 180 años, un grupo de traidores dándose golpes de pecho jurando que lo hacían por la patria, le arrebataron a la patria quién ha sido hasta ahora, su hijo más valiente y prodigioso, el general Francisco Morazán, Padre de Centroamérica.

Morazán sabiéndose frente a su muerte, lideró su propio fusilamiento porque los traidores ni siquiera eso podían hacer bien.

 Ayer el pueblo hizo suyas las Fiestas de la Independencia, de la conquistada.

Entramos al estadio nacional “José de la Paz Herrera” de Tegucigalpa, con la potencia del poder popular. Los gritos de los traidores también se alzaron, nuevamente asegurando que lo hacían por la patria.

Ayer no hubo fusilamiento, el amor a Centroamérica no murió, y late furibundo en miles de corazones. Es difícil sostener la prudencia a veces, especialmente cuándo vivimos en una sociedad tan impune.

La movilización fue pacífica cómo siempre, porque esa fue una decisión que tomamos hace más de una década. Sin embargo, hay quién confunde la prudencia con la cobardía.

La cobardía es inagotable, la prudencia no. Vídeos de golpistas, torturadores, embajadores del narco-régimen amenazando, despliegues de pusilanimidad “preocupados” por Honduras, lamentos por la “sexualización” de las protestas por gente que al mismo tiempo hipersexualiza a niñas palillonas desde siempre, mojigaterías que señalaban que estábamos politizando una conmemoración, que lo que recuerda es el acto de independencia, el momento más político de nuestra historia.

Periodistas repitiendo que a la gente se le había pagado por ir al estadio, sin pruebas, sin vídeo, nada.

Sólo la voluntad y creencia que, en base a la repetición, pueden instalar una percepción que nos coloque al mismo nivel del régimen que los hizo millonarios, por el barato precio de sus gargantas.

Grupos de activistas de tres pesos de los narcos políticos, quienes llegaron al estadio con la intención de hacer disturbios, poniendo su propia vida en peligro. Nos merecemos un Nobel de la Paz por lo bien que nos portamos ayer.

Obviamente nos miraba a los ojos nuestra presidenta, no podíamos hacer otra cosa.

Hoy que todo eso quedó atrás, me salta la pregunta de si será que tenemos que resignarnos a vivir navegando entre la provocación y la construcción de una prudencia casi religiosa.

O si podemos o debemos hacer más. Necesitamos desmontar la impunidad, fortalecer el Estado y sus instituciones, y organizar el pueblo para disolver la amenaza golpista. Una Patria no debe andar con la amenaza de una guadaña silbando sobre su cabeza.

Honduras se merece otra cosa, quienes perdieron el poder hace ratos habían perdido la cabeza. Vieron al pueblo cómo un enemigo y así lo trataron, hasta que el pueblo por sí mismo de liberó.

El pueblo es una fuerza inteligente y vertiginosa, y el pueblo ayer les habló muy claro.

Debemos darle herramientas al Pueblo, para que sigamos construyendo un Poder distinto.

Y un poder suficientemente fuerte para vencer el contrapoder que nos amenaza. Viva La Patria, que es el Pueblo.